La llegada de Naofumi a Siltvelt deja de sentirse segura cuando un suceso sospechoso revela las verdaderas intenciones de algunos de sus habitantes. Bajo la apariencia de devoción y respeto, emergen intrigas políticas y resentimientos latentes. Mientras la desconfianza crece, el Héroe del Escudo comprende que, incluso en tierras que lo veneran, proteger a los suyos exige mantenerse siempre alerta.